Estad preparados

Queridos hermanos:

“Dijo Jesús a sus discípulos: No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino”. El Reino es una posesión, es de ellos, el Padre se lo ha dado, por eso no hay temor, no hay miedo. Si el Reino es de ellos, nuestro, la consecuencia es lógica, lo que hay que hacer, es: “Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón”.

El Reino no se puede confundir, con la acumulación de bienes materiales, pues sería tan débil, que sucumbiría tanto a la codicia ajena, a los ladrones, como a la polilla. El Reino pide hacer justicia con los pobres: vended vuestros bienes, dad limosna. Pero a su vez nos supera, no se puede controlar, por eso: estad vigilantes, con las lámparas encendidas, no sabemos ni el día ni la hora. Es “todavía no” y “ya con urgencia”, la tarea que tenemos que hacer es irrenunciable y centro de la propuesta cristiana.

ago07-01

Pedro pregunta: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”. Sólo somos administradores, no poseedores de los bienes y del Reino, sino servidores. Como diría Oscar Romero: “Somos los sirvientes en espera del Señor que ha de venir. ¡Ojalá no lo olvidara nadie!, ni aquellos que se han sentido dueños del mundo, porque tienen en sus manos los poderes. También ellos, son los criados del Señor que ha de venir. Y el evangelio termina terriblemente: aquel al que se le ha dado más, mayores responsabilidades, será juzgado con mayor severidad, aquel que pudo hacer feliz al mundo con sus bienes, y solamente vivió de sus egoísmos. Están soñando. Vendrá el día, los despertará; y se encontrarán frente al dueño de las cosas, al dueño de los pueblos, frente al Señor de la historia”.

Nuestro mundo está mal administrado, los bienes de la tierra están en manos de unos pocos, podríamos señalar  a los culpables, pero de alguna manera estamos todos implicados. Es claro, que los que poseen los bienes de la tierra, destinados por Dios para todos, (la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), nos habla del destino universal de los bienes), no reparten “su ración a sus horas” y se olvidan de que el amo ha de venir. Por eso: “empiezan a pegarle a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse”, a ensañarse en ocasiones, con los más pobres.

Se nos ha dado el Reino, sabiendo que: “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”. Cerrar los ojos a la realidad no es muy cristiano, es preciso denunciar, se nos exige, trabajar por construir un mundo mejor, más justo, más fraterno y en paz, eso es hacer presente el Reino. Para eso, tendremos que recorrer caminos de conversión personal y comunitaria, denunciar y oponerse con nuestra vida, acción y palabra, a cuanto contradice al hombre y su dignidad, al plan de Dios sobre la vida y la convivencia humana.

La primera lectura del libro de la Sabiduría nos recuerda: “Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues en una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti”. Dios ha puesto su Reino y sus bienes en nuestras manos, para que lleguen a todos en justicia y caridad. Dichoso el administrador fiel, a quién su Señor encuentre en vela: “os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo”. Estemos atentos y tengamos claro, que: “donde este nuestro tesoro allí también estará nuestro corazón”. ¿Será nuestro tesoro, nuestra vocación, nuestra posesión…: El Reino? Julio César Rioja, cmf

XIX Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas, Capítulo 12, Versículos 32 al 48
Agosto 07, Año Santo de la Misericordia, dos mil dieciséis